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Milagros de San Antonio de Padua: qué dicen las fuentes

El milagro de la mula que se arrodilla ante la Eucaristía, de Antoon van Dyck

Los milagros más conocidos de San Antonio de Padua son la mula que se arrodilla ante la Eucaristía, el sermón a los peces de Rímini, la aparición del Niño Jesús, la bilocación, el pie reimplantado y el corazón del avaro. Casi ninguno aparece en la biografía más antigua del santo. Llegaron después, en textos de finales del siglo XIII y del siglo XIV.

Eso no los convierte en falsos ni en verdaderos. Significa que conviene leerlos como lo que son: relatos de la tradición franciscana que transmiten una enseñanza. Aquí los repasamos uno a uno y te decimos en qué fuente aparecen.

El milagro de la mula que se arrodilla ante la Eucaristía, de Antoon van Dyck

Qué fuentes cuentan los milagros

  • Assidua o Vida primera (1232): la escribió un fraile anónimo contemporáneo para la canonización. Habla poco de prodigios en vida y mucho de curaciones ante su sepulcro.
  • Biografías posteriores: el Dialogus, la Benignitas y la vida escrita por el francés Jean Rigaud hacia 1293. Añaden episodios de su etapa en Francia.
  • Liber miraculorum (mediados del siglo XIV): una recopilación de milagros. De aquí proceden el pie reimplantado, el corazón del avaro o el niño ahogado.
  • Florecillas de San Francisco (siglo XIV): dedican dos capítulos a Antonio, entre ellos el sermón a los peces.

Los milagros que recoge la Assidua

La primera biografía cuenta que, desde el día del entierro, muchos enfermos que tocaban su sepulcro quedaban curados. Da nombres concretos. Una mujer llamada Cuniza, encorvada por una giba y con muletas, se levantó derecha tras rezar ante su tumba. Un clérigo, Guidoto, que se burlaba de los testigos, cayó enfermo y sanó cuando su madre hizo una promesa al santo. Una niña de Codigoro, Samaritana, que llevaba tres años sin poder andar, volvió a casa por su pie.

Son relatos sobrios, con lugares y testigos. Fueron la base del proceso que llevó a su canonización en 1232.

La mula que se arrodilló ante la Eucaristía

Un hereje que negaba la presencia real de Cristo en la Eucaristía retó a Antonio: tendría a su mula tres días sin comer y luego la pondría ante el pienso. Si el animal dejaba la comida para inclinarse ante la hostia consagrada, él creería. Según el relato, la mula ignoró el pienso y se arrodilló.

La tradición de Rímini lo sitúa en 1223 y llama Bonvillo al hereje. Allí se levanta un templete del siglo XVI en su recuerdo. Pero las biografías antiguas cuentan episodios parecidos en Toulouse y en Bourges, en Francia. No figura en la Assidua.

El sermón a los peces de Rímini

Es quizá la escena más pintada. Las Florecillas cuentan que en Rímini los herejes no querían escucharle. Antonio bajó a la desembocadura del río y empezó a predicar a los peces. Estos se acercaron en orden, con la cabeza fuera del agua, y la gente del pueblo acudió asombrada a ver y escuchar.

Los propios frailes de la basílica de Padua lo presentan como un episodio legendario. Su mensaje es claro: la palabra de Dios la acoge quien se abre a ella con sencillez, no quien ya lo sabe todo. Las Florecillas cuentan también que, predicando ante el papa y gentes de muchos países, cada uno le entendía en su propia lengua.

La aparición del Niño Jesús

En mayo de 1231, enfermo, Antonio descansaba en Camposampiero, en una finca del conde Tiso. Según la tradición, una noche el conde vio una luz intensa en su celda. Pensó que era un incendio, entró y encontró al santo en éxtasis con el Niño Jesús en brazos. Antonio le pidió que no lo contara, y Tiso guardó silencio hasta su muerte.

De esta escena nace la imagen más popular del santo. Benedicto XVI la cita como «mencionada por algunas fuentes literarias». En Camposampiero se conserva el santuario de la Visión.

La bilocación

La tradición atribuye a Antonio el don de estar en dos lugares a la vez. Una leyenda lo sitúa en Montpellier, predicando al mismo tiempo en dos puntos de la ciudad. Otra, más dramática, cuenta que en Lisboa acusaron a su padre de un asesinato. Antonio, que estaba en Padua, se presentó allí en una noche, pidió que trajeran el cuerpo de la víctima y el muerto, revivido un momento, señaló al verdadero culpable. Son relatos de la tradición posterior, no de la primera biografía.

El pie reimplantado

Un joven confesó a Antonio que había dado una patada a su madre. Después, arrepentido de forma impulsiva, se cortó el pie. Antonio fue a verle y, con la señal de la cruz, se lo volvió a unir. Lo recoge el Liber miraculorum. Su enseñanza es que el pecado se sana con perdón y reconciliación, no con castigos contra uno mismo.

El corazón del avaro

En el funeral de un hombre muy rico, Antonio dijo que no debía enterrarse en lugar sagrado porque no tenía corazón. Abrieron el cadáver y el corazón no estaba: lo encontraron en el cofre donde guardaba su dinero. El relato, también del Liber miraculorum, ilustra la frase del Evangelio: «Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón».

Otros relatos muy difundidos

  • El salterio robado de Bolonia: un novicio se llevó su libro de salmos y lo devolvió tras la oración del santo. Es el origen de su fama para encontrar objetos; lo contamos en la oración para encontrar cosas perdidas.
  • El niño ahogado: una madre prometió dar a los pobres tanto trigo como pesaba su hijo si volvía a la vida. De ahí nace el Pan de San Antonio.
  • La comida envenenada: unos herejes le sirvieron comida con veneno; él la bendijo y la comió sin daño.

Preguntas frecuentes

¿Por qué se llama a San Antonio «el santo de los milagros»?

Por la cantidad de curaciones atribuidas a su intercesión desde el día de su entierro. Fueron tan numerosas que se le canonizó en menos de un año.

¿Dónde ocurrió el milagro de la mula?

La tradición más extendida dice que en Rímini, en 1223. Las biografías antiguas cuentan escenas similares en Toulouse y Bourges.

¿Hay que creer en todos estos milagros?

No. La Iglesia no obliga a creer en estos relatos concretos. Lo importante es lo que enseñan sobre la fe, la conversión y la caridad.

Fuentes